
Cuando hablamos de Francia las primeras imágenes con las que asociamos a ese país europeo son quizá su icónica Torre Eiffel, el muy visitado Museo del Louvre, la Catedral de Notre-Dame, entre otros atractivos de su capital, sin dejar de mencionar los atributos que resaltan a otras ciudades que conforman su territorio como Niza o Cannes y el rasgo cultural que distingue a la gastronomía de Lyon entre otras características destacables, pero el tema central de esta publicación no está dirigido a los incuestionables aspectos positivos que enamoran a cualquier turista aunque para nada resta su ilustrativa mención, sino al reciente ciberataque masivo que afectó a unas 400 tiendas y supermercados de ese país, una situación que estaré abordando como es costumbre en este blog desde la perspectiva jurídica.
Al conocer la noticia del hackeo que ocasionó la descomposición de grandes cantidades de alimentos y con ella una millonaria pérdida económica, quise investigar un poco mas acerca del tema para precisar mejor los detalles, investigación que arrojó una indubitable violación a la ciberseguridad ya que los piratas informáticos cuya identidad hasta ahora es desconocida manipularon el software de gestión remota de la empresa danesa de ingeniería Danfoss, un software que estaba funcionando bajo modelos antiguos que no se podían actualizar, situación que hizo vulnerable al sistema de seguridad utilizado por los supermercados y derivó en una importante pérdida de alimentos perecederos.
La alteración del software de gestión remota atacó directamente la refrigeración de grandes cantidades de alimentos que al descongelarse se dañaron, golpeando así económicamente a empresas como Carrefour, Intermarché, Monoprix y E.Lecler. Se trata de una conducta delictiva que aunque tuvo gran impacto en Francia comparte similitud en el modus operandi con hechos que ocurrieron en Bélgica y Países Bajos. Recordemos que existe un conjunto estricto de normativas y reglamentos de la Unión Europea que regulan de manera obligatoria la refrigeración en supermercados, este marco legal se divide en dos pilares fundamentales: la seguridad alimentaria (temperaturas) y la sostenibilidad ambiental (tecnología y gases de los equipos), claro está que Francia al cumplir el marco legal implementó los mecanismos tecnológicos correspondientes, pero corrieron el riesgo de un ciberataque que en efecto ocurrió al no actualizar el sistema de control.
Mientras se realizan las labores de investigación para determinar las responsabilidades penales y civiles a que hubiere lugar, lo sucedido nos invita a reflexionar de manera muy especial en la intencionalidad del autor o los autores del hecho punible, si revisamos con detalle lo sucedido podemos observar que el ciberataque se dirigió específicamente a los equipos de refrigeración de alimentos, lo que indica que las consecuencias negativas esperadas por el autor o los autores del hecho están relacionadas con la comida (alimentos, productos de consumo), y no sería lo mas indicado especular que se trata de un hecho cometido para causar el desabastecimiento, porque sabemos que aunque esta situación pueda generar un caos por momentáneo, en Francia como en muchos países de Europa el tema del abastecimiento de alimentos no se deja a la improvisación por un asunto de seguridad alimentaria, por lo que una situación alarmante de desabastecimiento pudiera presentarse de forma excepcional por factores que se escapen de la planificación preestablecida y que no puedan ser manejados de la manera mas idónea. El proceder de los hackers pareciera estar orientado a golpear económicamente a las grandes cadenas de supermercados, tiene un tinte mas enfocado hacia una expresión de rebeldía o sabotaje contra las grandes compañías vendedoras de alimentos que contra la normal adquisición de alimentos por parte de los consumidores, porque estos obviamente se ven afectados en algunas de sus opciones pero siguen teniendo mas opciones para realizar sus compras, en cambio los supermercados cuyo software fue hackeado se ven afectados en sus equipos, su ciberseguridad, sus productos de venta al público y especialmente en sus bolsillos.
Es importante señalar que el ciberataque masivo contra los supermercados franceses además de afectar los equipos de refrigeración, también lograron alterar las funciones de las Apps y páginas web, provocando así un mal funcionamiento en la sección de pedidos online y una inconsistencia entre los precios que marcaban los productos en las etiquetas electrónicas y los que debían pagar los clientes en las cajas. Las Sanciones Penales por Ciberdelincuencia que aplican para este caso de conformidad con el Código Penal de Francia son las siguientes:
- Acceso y mantenimiento fraudulento en un sistema de procesamiento automatizado de datos: delito informático base que conlleva penas de cárcel de hasta 3 a 5 años y multas de cientos de miles de euros.
- Obstaculización del funcionamiento de un sistema informático y modificación de datos: al alterar los comandos de descongelación nocturna, las penas se agravan sustancialmente.
- Destrucción y deterioro de bienes con peligro para las personas: dado que el ataque arruinó de forma maliciosa el suministro de alimentos y provocó focos de incendio en algunas sucursales, las penas aplicables pueden elevarse hasta los 5 o 7 años de prisión, junto con multas individuales severas si se demuestra que se puso en riesgo la seguridad alimentaria o física de la población.
En lo concerniente a la responsabilidad civil y reparación de daños, los atacantes o las entidades responsables (si se demuestra negligencia grave de terceros) se enfrentarán a demandas millonarias por daños y perjuicios para solicitar la indemnización correspondiente.









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